soy un pasacalles
sos la hojas
que la tormenta tira
te enganchás
en mis
aeroventilas
fundamentales
juntos
ondeamos
en el viento
martes, 26 de agosto de 2014
domingo, 17 de agosto de 2014
todo lo que tuvo que pasar
hasta que entendí
amarte a vos
es como amar una utopía
o pensar demasiado en el futuro
hay que amar las cosas
que nos mantienen en el presente
el dulce de leche
la manzana acaramelada
un equipo de fútbol
la poesía
las fuerzas físicas que hacen factible
pedalear y mover una bicicleta
mientras está llegando la primavera
hasta que entendí
amarte a vos
es como amar una utopía
o pensar demasiado en el futuro
hay que amar las cosas
que nos mantienen en el presente
el dulce de leche
la manzana acaramelada
un equipo de fútbol
la poesía
las fuerzas físicas que hacen factible
pedalear y mover una bicicleta
mientras está llegando la primavera
sábado, 16 de agosto de 2014
viernes, 15 de agosto de 2014
martes, 12 de agosto de 2014
sábado, 9 de agosto de 2014
Panchu
Panchu corre por toda la casa. Pasa cada 28 segundos por la puerta de mi cuarto abierta. Es un giro complicado que siempre la hace derrapar un poquito. Ella corre por toda la casa. La veo dar vueltas. Una dos tres cinco cien mil vueltas. Panchu salta sobre cualquier obstáculo posible. Cada vuelta de Panchu me siento un poco más feliz.
Panchu corre por toda la casa, yo espero. Elegí el lugar más estratégico en función de su recorrido. Espero como si no esperara, Panchu no llega a sospechar. Creo que está lista. Va a pasar. Un segundo y medio tengo que correr a Panchu para interceptarla. Sin embargo con suavidad la levanto justo antes de que llegue al clímax de su salto majestuoso sobre la cama king size paterna. La levanto suavemente desde las axilas y corro mientras le acerco mi cara a su cuerpito tan suave. Panchu piensa que finalmente está volando. No le sorprende, es consecuente a su calidad de ser vivo superior, amo y señor de todo territorio. Antes de que descubra que todavía no encontró el nirvana felino que le otorgara el poder del vuelo libre, la acerco a mi cara. Panchu minirronrronea de la emoción. La escucho minironrronear y la acerco a mi cara lo más sutil pero rápida posible. Panchu tiene un corazón chiquito. El corazón de Panchu reborbotea, mide exacto un intervalo temporal, pero con swing. A cada tu-túm siento que el mundo tiene más sentido.
Suelto a Panchu que sigue corriendo. Paso por el baño y me sigue para pedirme otro hisopo más, yo hoy ya le di cinco, los destruye un poco y los ordena en un rincón de la cama. Cuando se cansa de correr los transporta. Los lleva de esa cama a otra cama, a otro rincón. Yo le niego a Panchu su hisopo y ella piensa que en realidad por hoy tiene suficientes para ordenar. Panchu no sabría qué hacer si los hisopos se agotaran.
Panchu acarrea de a uno los hisopos hasta mi cuarto. Los pone en la esquina de la cama. Los mira un segundo. Busca una posición de control, se sube al ropero y ahí sí, se tira a descansar mientras contempla satisfecha todo su imperio.
Panchu corre por toda la casa, yo espero. Elegí el lugar más estratégico en función de su recorrido. Espero como si no esperara, Panchu no llega a sospechar. Creo que está lista. Va a pasar. Un segundo y medio tengo que correr a Panchu para interceptarla. Sin embargo con suavidad la levanto justo antes de que llegue al clímax de su salto majestuoso sobre la cama king size paterna. La levanto suavemente desde las axilas y corro mientras le acerco mi cara a su cuerpito tan suave. Panchu piensa que finalmente está volando. No le sorprende, es consecuente a su calidad de ser vivo superior, amo y señor de todo territorio. Antes de que descubra que todavía no encontró el nirvana felino que le otorgara el poder del vuelo libre, la acerco a mi cara. Panchu minirronrronea de la emoción. La escucho minironrronear y la acerco a mi cara lo más sutil pero rápida posible. Panchu tiene un corazón chiquito. El corazón de Panchu reborbotea, mide exacto un intervalo temporal, pero con swing. A cada tu-túm siento que el mundo tiene más sentido.
Suelto a Panchu que sigue corriendo. Paso por el baño y me sigue para pedirme otro hisopo más, yo hoy ya le di cinco, los destruye un poco y los ordena en un rincón de la cama. Cuando se cansa de correr los transporta. Los lleva de esa cama a otra cama, a otro rincón. Yo le niego a Panchu su hisopo y ella piensa que en realidad por hoy tiene suficientes para ordenar. Panchu no sabría qué hacer si los hisopos se agotaran.
Panchu acarrea de a uno los hisopos hasta mi cuarto. Los pone en la esquina de la cama. Los mira un segundo. Busca una posición de control, se sube al ropero y ahí sí, se tira a descansar mientras contempla satisfecha todo su imperio.
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