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escribo estas palabras desde un editor de texto plano

sábado, 29 de febrero de 2020

atolón


abrí el sillón como una otomana, estuve leyendo. me siento perfectamente alineada, sostenida horizontal de forma pareja. me gusta el sillón cama. tuve que traer almohadas de la pieza pero ahora estoy conforme.

hoy a la mañana leí sobre el lugar más radioactivo en la tierra. esperaba algún reactor. pero es una isla paradisíaca, en el medio del pacífico. la usaron para probar bombas nucleares. quedé todo el día pensando en ella. hay algo no puedo superar, la imagen viva de la vegetación, la profundidad del océano que se denota en el azul, la arena blanca, el centro hueco, la aislación, el misterio, hay algo en el atolón que su nombre no explica. el lugar del impacto. cubierto con un domo gris clarito. es bajo y parece una lomita, casi como una plaza de skate. esa inocencia me irritó.


quedé pensando en cosas fluorescentes. cuando era chica mamá me dio la luz negra que usaban en las fiestas. total fiestas ya no hacían. me la dio en la casa de humberto primo, más que dármela mamá, me la cedió paula. hay algo de la adultez que a paula le pasó en esa casa aunque en el momento nadie se dio cuenta. así que cuando nos mudamos a humberto primo me tocó la pieza de arriba y el tubo de luz negra. dos cosas que antes tenía paula. me acuerdo de invitar a mi primer novio y prender la luz, cerrar todas las cortinas posibles. mirarnos así, los dientes brillantes, los ojos sospechosos, todo con un filtro de extrañeza que diluía la otra extrañeza, de estar en la pieza solos a punto de hacernos la paja.


en la pieza de cuando éramos chicos en cambio todas las noches vivía una experiencia que me aterraba. me acuerdo de un pedazo de pared fosforescente en la oscuridad. nunca me animé a decir nada. brillaba en a esquina superior derecha de la pieza, en la pared opuesta a la cama, donde estaba la puerta de entrada. a la noche me quedaba congelada mirándola, la mancha brillante en la oscuridad total. no me animaba a darle la espalda, a levantarle la mirada.


imaginaba que la mancha era algo paranormal. que si la dejaba de mirar podia salir un bicho o cosa de otra dimensión, una dimensión totalmente real de la cual siempre sospeché. las preguntas creí hacerlas con cierto disimulo. 'pa es posible que una pared brille en la oscuridad?' él dijo que además de pintura que brillaba en la oscuridad también había hongos que brillaban en la oscuridad. que imaginaba que una pared podría tener ciertos hongos resplandecientes, o algún otro organismo. me lo dijo sin dudarlo. yo pensé eso de los hongos lo debía haber leído en esas revistas 'muy interesante' que siempre se llevaba al baño. empecé a pensar en hongos de una dimensión paralela. no pude develar el misterio pero tampoco dormir bien de noche durante algunos años, sin embargo pasaba muchísimo tiempo en la pieza. la fosforescencia me paralizaba.



me ilumino y busco almohadones en mercado libre, lo hago sin dudarlo. podría comprarlos? imagino el confort, estar toda contenida, tapar algunas manchas del tapizado. almohadones grises de igual color que el sillón. cuadrados. suaves. proporcionados. con la dureza justa. si encontrara los almohadones perfectos capaz sentiría que estoy haciendo algo bueno por mí misma! no me convence. recuerdo que no hay chances de conseguir que la realidad alcance mi fantasía. cierro la pestaña del navegador y listo.



vuelvo a pensar en el skatepark radioactivo del pacífico.

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